¿Y si en lugar de blog me mudo a Facebook?

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sábado, mayo 23, 2009

Otra vez el verde

Creíamos estar a salvo en España. Nos escondimos en unas montañas donde plantan olivos (¡ah, qué ricas aceitunas!) y estábamos comiendo paella de un restaurante cercano (el pobre cocinero no entendía por qué se le acababa tan rápido lo que preparaba. ¡Ja!) mientras dibujábamos un mapa para llegar a la república Checa, que es donde el dragón cree que está perdida su mamá.
Pero hace una semana el enorme dragón verde que salió del mar nos encontró aquí.
Imagínatelo, blogcito mío: Mide como diez metros. Sus escamas brillan y son del mismo tono de verde que las esmeraldas. Tiene el cuello largo y la cabeza coronada por cuatro cuernos. Sus ojos son rojos, como si tuvieran fuego adentro y lanza unas llamas que ni te cuento. Cuando ruge, me pongo chinito porque suena como a cien tambores batiendo al mismo tiempo. Hemos visto a la gente correr asustada a sus casas sin saber de qué se esconden. Sus alas no salen de los homóplatos, como los dibujan en casi todos los libros, sino de todo su lomo, y se ven musculosas pero muy flexibles. Cuando las abre se ve que están controladas por un músculo tan fuerte y grande como sus patas, pero que termina en un espolón (como un gancho) en la punta. Forman una especie de T perpendicular a su cuerpo y redondeada, como si extendiera una capa semicircular. Y todavía no te platico de sus garras. Sus uñas podrían abrir un tren o un avión como si fueran latas de anchoas (por cierto, no me gustan las anchoas). Su vientre es amarillo y las palmas de sus patas, tan rojas como sus ojos. Es una cosa de pavor.
Lo que me da risa es que no tiene cola. No sé si así sea o si la perdió en alguna batalla.
Ha estado sobrevolando la zona donde estamos escondidos. Estoy seguro de que no nos ha visto (si no, ya nos habría hecho chicharrón), pero sabe que no estamos lejos y quiere cazarnos.
Tenemos que encontrar la manera de distraerlo, de hacer que se vaya a otro lado para que nosotros podamos continuar. ¿Alguien tiene una buena idea para lograrlo?

domingo, marzo 01, 2009

Más de mi viaje...



Y allá vamos de nuevo a ver ballenas con Max Steel...




Chequen cómo ésta sacó su aleta dorsal para saludar a los del bote. ¡Qué ganas de darle la mano tenían todos!






Pero luego les enseñó la cola. ¡Ja!





Cuando sacan la cola es porque quieren tomar impulso para sumergirse mucho, lo cual significa que uno ya no va a ver a esa ballena en un buen rato.




Esta otra también está sumergiéndose.




Ésta pasó por abajo de nuestro bote. ¡Fue emocionante! Y tenía una cría, que se llaman ballenatos.




Este es el pequeño ballenato. ¿Ya vieron que no tiene percebes todavía? Se ve que Sirenomán no los ha dejado pegarse a su cuerpo.




Y aquí estoy yo con el ballenato. ¡Uyuyuy! Pero luego su mamá le dijo que se estaba acercando demasiado a nosotros y lo regañó. Y yo no me iba a poner a discutir con una ballena del tamaño del dragón, sobre todo porque el dragón no fue al viaje.




Aquí se ven la mamá y su cría.



¡Y miren! ¡¡¡Se dejan acariciar como si fueran perritos!!! Eso es lo MÁ-XI-MO.



Allá van de nuevo la mamá y la cría.



Esta ballena estaba tan contenta que salió a saltar.






¡Splash!




Y también vimos varios grupos de delfines.




Esta otra salió a saludarnos y yo posé para la foto, para que luego no digan que quién sabe.




Y como estaba nublado, algunas provocaban arco iris cuando exhalaban.




Allá va otro delfín.





¿Cuántas ballenas encuentras en la foto de arriba?








¡Hasta en las nubes habían ballenas! ¿Ya la vieron?





Este cormoran parecía estar metiendo freno de mano, ¿no?





Mientras que este otro se echaba a volar.





Y estos, bien a gusto, los veían con cara de "¿qué les pasa?".




¿Quién encuentra al gorrión de manglar en la foto de arriba?




Y este pajarito tenía un peinado muy punk, así que me cayó muy bien.








Algunas aves tienen el pico para arriba, otras para abajo y otras plano. Depende de qué se alimenten. ¡Darwin tenía razón! (Siempre lo supe).





Estos cormoranes están esperando... bueno, vete tú a saber qué están esperando. No hablo su idioma.




La garza azul decidió que no le caíamos bien y mejor se iba a dar el rol.






Y esta otra pasó a nuestro lado, en la zona de manglares.





Cuando exhalan, algunas ballenas echan chorros en forma de corazón. A lo mejor es porque están buscando pareja y andan todas cursis, ¿no?




¿Qué creen que es lo de arriba?




¿Y lo de arriba?





Las dos son partes de este esqueleto de ballenato. Seguramente nació enfermo y murió muy chiquito. ¡Qué triste!





Kuyimá, donde nos alojamos, era hermoso por donde lo vieras. Checa nomás el atardecer, blogcito mío. Y yo... en la playa. Me hice una hamaca con una hoja y ni te cuento lo a gusto que estaba.




Bueno, quizá no tan a gusto como estas gaviotas. ¿Ya viste a las muy comodinas? Allí en nuestro bote, arruyadas por el mar.




Como ya les conté, a San Ignacio llegan muchas especies de aves migratorias, como esta.




Y como las de arriba. Las gavitoas a mí se me hace que sí son locales.





Luego, la gran-jefa y yo nos metimos otra vez a caminar en la marisma, que es cuando la marea baja y queda agua poco profunda. Encontramos a este pulpito. Está de pelos, ¿no? (Bueno, quizá no porque está más calvo que un huevo. ¡Ja!).






Y a donde voltearas, habían cosas padrísimas, como estas plantas marinas.





O este otro pulpo. Nos echó un chorro de agua para asustarnos pero no era más grande que tu mano. A mí, francamente, sí me dio miedito y corrí a meterme en la mochila de la cámara de la gran-jefa, pero a ella le dio risa que algo tan chiquito se sintiera tan feroz. Claro, a ver si hubiera dicho lo mismo si le sale un pulpo de diez metros.





Y aquí una estrella marina entre las algas. Todas las estrellas que vimos eran color Nick.





Esta es la vértebra de algún pez grande, pero ya se convirtió en un pequeño ecosistema: tiene algas, corales, percebes y caracoles adheridos a ella.




Y hablando de corales, este me recordó al dragón. ¿Verdad que tiene cara de dragón?





Estas conchas son color Nick, así que le dije a la gran-jefa que le tomara foto.




Y estos caracoles que son como del tamaño de tu uña pulgar y que quizá digas "ay, qué tiernos", son unas bestias carnívoras devoratodo. Los vi echarse una estrella de mar en un santiamén. Llegan de a montón y no hay quién se salve de su voracidad. ¡Como de peli de terror!





Ahí están de montoneros.



Y el último día, antes de volver al aeropuerto con pista de arena para tomar nuestra avioneta, fuímos a un bosque de espinas, que es un lugar donde hay muchas cactáceas.






Este es el esqueleto de una de las de arriba. Increíble, ¿no? Parece columna griega.




Y este también me recordó al dragón. Se me hace que ya lo extrañaba.





Cuando nos subimos al avión que nos trajo de Hermosillo a México, vimos la luna llena por la ventanilla. Fue como una manera de acabar el viaje.

¿Qué tal? Les dije que había estado ¡hipermegarrequetearchisuperincreibilísimo!