¿Y si en lugar de blog me mudo a Facebook?

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viernes, mayo 07, 2010

¡Ya casi lo logramos!

Bueno, la cosa no fue tan fácil como pensé.
Primero porque cuando Ocar y yo estábamos por llegar con el rey, un dragontormenta estuvo a punto de atraparnos y tuvimos que huir de él durante dos semanas. Y es que ni modo de dejarlo saber dónde se escondía el rey con los pocos dragones que le son leales. 'Y luego, ya cuando llegamos con el rey, me tomó un rato convencerlo de que mi plan era un plan:

superinteligente

supergenial

superfabuloso

superfácil

supermegacool

superestratégico

porque él estaba seguro de que primero necesitaría reunir a un ejército mucho mayor de dragones fieles a su causa. ¡Ja! Pobre. ¿Con quién creía que estaba hablando?
El caso es que cuando por fin lo convencí de la absoluta genialidad de mi idea... creo que más bien me dio el avión. Puso a mis órdenes a sus 25 dragones más leales, pero les advirtió que casi-casi se dirigían a una muerte segura.
Debo contarte, antes de seguir, blogcito mío, que no hay muchos dragones en el mundo. En total no rebasan los 500, y no todos estaban agarrándose de las greñas. A algunos les tenía sin cuidado el mitote del rey y la reina, pero la mayoría francamente sí estaban allí metidos.
La reina tenía un ejército de 350. El rey de 80. Como ves, la diferencia en favor de ella era abrumadora. Además, tenía como prisioneros a sus hijos, y el rey los quiere tanto que temía que algo les pasara si los dragones se enfrentaban en una lucha directa.
Por otra parte, resulta que en la historia de los dragones, las diferentes especies (y mira que son MUY diferentes) siempre han convivido pacíficamente. Esta es la primera vez que se ponen unos contra otros (y todo por culpa de la mamá de mi dragón). Es muy triste que ahora tenga que haber una lucha, ¿no crees?

Bueno, el caso es que Ocar, los otro 24 dragones y yo llegamos a la entrada de la cueva donde tiene su guarida la reina y su séquito. Entonces puse en marcha mi plan:
1. Hicimos un cilindro hueco y muy alargado de corteza de árbol.
2. Dibujamos a varios dragonestormenta, dragón mecsi, dragón tragón, dragonmucho, dragón de mar, dragón ojos de relámpago, dragón panzanuncasellena y otros en los cilindros, y luego uno de los minidragones (de los buena onda, claro) siguió las siluetas con su bocanada de fuego. Así, quedaron como papel picado de día de muertos.
Luego pusimos cuatro palitos debajo del cilindro y los amarramos con tallos fuertes y verdes. Encima pusimos una bases pegada con resina de árbol.
Abajo de los palitos se pusieron los cuatro minidragones que iban con nosotros. La idea es que hicieran volar el cilindro hueco. Nos tomó tres días de prácticas para que volaran todos parejitos y no se les fuera de lado, si no, el plan fracasaría.
Luego yo me subí a la base con mi iPod y esperamos a que fuera de noche y no hubiera luna, para que la oscuridad fuera total.
En eso... nos llegó un mensaje del rey diciendo que detuviéramos el plan porque él ya viene en marcha a encontrarnos con el resto de sus dragones leales.

El caso es que estamos esperándolo.

¿Qué debería hacer mientras? ¿Qué estás haciendo tú? ¿Qué hay bueno en el cine?

viernes, enero 22, 2010

¡No escribo otros blogs!

¿Por qué piensan que escribo otros blogs? Este es el ÚNICO que escribo. Lo único nuevo que estoy haciendo es poner una lista de los blogs de quienes más me escriben para que los demás los visiten.
Pero blog de Gussi Green sólo hay este, mi blogcito querido y ÚNICO, ¿ok?

Y ahora ya me voy a dormir. Tengo que pensar muy bien qué voy a hacer respecto a este complot de los dragones.

jueves, enero 21, 2010

Jueves de donas y de sorpresas

Pasé tres semanas metido en la cueva viendo lo que hacían los dragones. Eran muchísimos y de todos tamaños y colores (y, podría decirse, de muchas formas). ¿Saben qué comí allí adentro? Bueno, pues yo tampoco. Prefiero ni preguntar.
Pero hoy salí para poder escribirles porque allí adentro no hay recepción. Resulta que hice tres descubrimientos superimportantes, y dos de ellos son terribles.
El primero es que ya vi dónde está mi dragón. Lo tienen encadenado en la parte más baja de la cueva, resguardado por otros dos dragones con cara de muy pocos amigos. Son como el que nos persiguió cuando volábamos por las islas Azores.
El segundo es que mi dragón tiene un hermano gemelo, y también lo tienen encadenado y con guardias. Ninguno de los dos se la están pasando bien.
Por lo que pude entender (ahora que ya sé poquito de lengua dragón), es rarísimo que las dragonas pongan dos huevos. O sea, siempre tienen una cría a la vez, así que el que mi dragón tenga un gemelo es realmente extraño en su universo.
La tercera es que los dragones que están en la cueva están armando un plan para destronar al rey dragón, cuya fuerza proviene, en parte, de la fuerza que le transmiten sus hijos sin importar cuán lejos estén, y de cierto don muy particular que sólo uno de ellos heredó (lo que lo convierte en el heredero del reino dragón, o sea que mi dragón tiene un 50-50 por ciento chance de volverse rey y eso, seguramente, me daría acceso a todas las pizzas y donas del mundo). La pregunta es, ¿cuál de los dos tiene eso que es tan importante?
Ahora, lo peor de este tercer punto es que quien es la líder de los dragones mala onda es... ¡la mamá de mi dragón! Sí, justamente esa a la que dizque veníamos a rescatar resulta ser una villana de la peor calaña.
Ella ordenó la captura de sus dos hijos y quiere usarlos contra el rey, pero para poseer lo que hace tan especial a uno de los dos tiene que matarlo y beber su sangre. Sólo que no puede equivocarse, lo que significa que está sometiéndolos a todo tipo de pruebas e interrogatorios para asegurarse de no cometer un error.
¿Cómo puede una mamá haacerle eso a su propio hijo? ¡Y mi dragón que estaba tan preocupado por ella!
La cosa es que tengo que ingeniármelas para rescatar a los dos dragones sin que los demás me dejen como moco aplastado, llevarlos con el rey, quien, aparentemente, también está preso, y armar un ejército leal a él para combatir a la malvada dragona.
Aquí viene lo bueno: ¿alguien tiene una idea de cómo voy a hacerle para lograr todo eso?
Y pensar que cuando desperté, lo único que no estaba allí era una caja de donas...

miércoles, noviembre 18, 2009

Me vio un dragón

Ok. Entremos al tema:

El caso es que no todos los dragones son iguales. Algunos son rojos y tienen alas negras. Otros son color turquesa con alas verdes o amarillas. Hay unos negros-negros-negros que tienen cara de pocos amigos. Hay otros verdes con ojos rojos. Unos tienen las alas más largas, otros tienen unas garras que podrían arrancar un árbol y los colores de sus miradas son diferentes: ojos amarillos (los negros los tienen así), verdes, rojos, morados, azules, naranjas. Algunos tienen cuernos o crestas, y los dos más espectaculares son uno casi transparente, como si fuera de cristal, y otro que es azul con verde y tiene plumas coloridas alrededor del cuello, en las puntas de las alas y en la cola, además de como una especie de cresta. Pero hasta ahorita, no he visto a ninguno igual a mi dragón.

Ah, y todos son más grandes, claro, porque recordarás que mi dragón es un cachorro (tamaño elefante adulto, pero cachorro al fin y al cabo).

Lo que comienzo a sospechar es que estos dragones no son todos del mismo lugar. Como ya te conté, blogcito mío, hay cosas que leo y entiendo (más o menos) y otras que están en alguna otra lengua dragón, supongo, porque los caracteres son diferentes y no entiendo ni pío. Además, ¡vaya que les encanta escribir en acertijos! Caramba, ¿no sería más fácil decir las cosas tal y como son? A ver, ¿qué se supone que haga con el mensaje que descifré anoche? Entiendo las palabras, pero nada más.

¡Uyuyuy! Ya me vio uno de los azules. Es que además tienen una vista que parece que traen telescopios en los ojos. Así que, me desconecto y compermisito.

sábado, mayo 23, 2009

Otra vez el verde

Creíamos estar a salvo en España. Nos escondimos en unas montañas donde plantan olivos (¡ah, qué ricas aceitunas!) y estábamos comiendo paella de un restaurante cercano (el pobre cocinero no entendía por qué se le acababa tan rápido lo que preparaba. ¡Ja!) mientras dibujábamos un mapa para llegar a la república Checa, que es donde el dragón cree que está perdida su mamá.
Pero hace una semana el enorme dragón verde que salió del mar nos encontró aquí.
Imagínatelo, blogcito mío: Mide como diez metros. Sus escamas brillan y son del mismo tono de verde que las esmeraldas. Tiene el cuello largo y la cabeza coronada por cuatro cuernos. Sus ojos son rojos, como si tuvieran fuego adentro y lanza unas llamas que ni te cuento. Cuando ruge, me pongo chinito porque suena como a cien tambores batiendo al mismo tiempo. Hemos visto a la gente correr asustada a sus casas sin saber de qué se esconden. Sus alas no salen de los homóplatos, como los dibujan en casi todos los libros, sino de todo su lomo, y se ven musculosas pero muy flexibles. Cuando las abre se ve que están controladas por un músculo tan fuerte y grande como sus patas, pero que termina en un espolón (como un gancho) en la punta. Forman una especie de T perpendicular a su cuerpo y redondeada, como si extendiera una capa semicircular. Y todavía no te platico de sus garras. Sus uñas podrían abrir un tren o un avión como si fueran latas de anchoas (por cierto, no me gustan las anchoas). Su vientre es amarillo y las palmas de sus patas, tan rojas como sus ojos. Es una cosa de pavor.
Lo que me da risa es que no tiene cola. No sé si así sea o si la perdió en alguna batalla.
Ha estado sobrevolando la zona donde estamos escondidos. Estoy seguro de que no nos ha visto (si no, ya nos habría hecho chicharrón), pero sabe que no estamos lejos y quiere cazarnos.
Tenemos que encontrar la manera de distraerlo, de hacer que se vaya a otro lado para que nosotros podamos continuar. ¿Alguien tiene una buena idea para lograrlo?

domingo, mayo 03, 2009

¡Casi nos matan!

Blogcito mío, no te había escrito porque todavía no se nos pasa el susto.

Estamos escondidos en una isla que se llama Terceira y que pertenece a Portugal (de eso me enteré cuando ordenamos las pizzas). Pero antes de llegar aquí veníamos volando sobre el océano, como te conté, cuando se desató una tormenta con rayos y todo.
Yo me aseguré de tapar bien las cajas de donas porque eran las únicas provisiones que nos quedaban, y el dragón se aseguró de evitar los rayos (buen trabajo en equipo, ¿no?), pero en eso, del mar, salió como flecha un dragón enorme con escamas verde esmeralda que parecían emitir luz propia cada que caía un rayo. Sus alas medían más de 12 metros de envergadura y eran amarillas como la yema de un huevo. Tenía ojos de un rojo intenso que nos miraban como si fueran cañones láser, y desde que lo vimos venir supimos que sus intenciones no eran buenas. Se lanzó hacia nosotros con las garras de sus patas hacia adelante, como si pensara clavárselas en el vientre a mi dragón cual brocheta de domingo. Cada garra era como un cuchillo afilado de al menos 30 cm de largo.
A mi pobre dragón casi le da un infarto.
Pero entonces le dije que como él era más pequeño y joven, seguramente podría perder al grande metiéndose entre las nubes y maniobrando con vueltas muy cerradas tratando de que un rayo le cayera al grandulón —y no a nosotros, claro—.
Así estuvimos, con el otro casi pisándonos la cola como veinte minutos.
Los rayos caían por todos lados y el ruido de los truenos era ensordecedor. El dragón grande comenzó a echar fuego por el hocico y yo pensé que le iba a tatemar la cola a mi dragón y, de paso, a echar a perder las donas.
Pero mi dragón fue superhábil y se puso a cazar rayos, lo cual no parecía tan difícil porque caían por todos lados. En una de esas dimos una voltereta como en U invertida hacia el agua, como si quisiéramos hundirnos en el mar, y cuando el dragón grande casi nos agarra el mío dio vuelta a la izquierda y aceleró. Fue entonces cuando vi un rayo atravesar al dragón villano. Se retorció y emitió rugidos que seguro se escucharon hasta la Antártida, y después cayó al agua como plomo. No volvimos a saber de él.
Afortunadamente, después de eso vimos tierra firme y volamos a escondernos en una cueva. Nos moríamos de miedo.
Ahora la pregunta es, ¿por qué un dragón querría hacerle daño a otro?
¿Tú qué opinas?

viernes, abril 17, 2009

Ahora sí me voy

¿Sabes cómo se comunican los dragones a larga distancia? Envían mensajes en las nubes. Lo malo es que hay que saber leer dragón para descifrarlos. Yo no sé, pero el dragón sí. Y dice que no hay noticias de su mamá y por lo tanto ya no puede esperar más: tiene que ir a buscarla.

Y como el dragón es mi amigo, voy a ir con él.

Por eso no te había escrito, blogcito mío. He estado empacando.

Lo bueno de tener un dragón, aunque el mío sea apenas un cachorro, es que puedes cargarle todo lo que quieras porque son muy grandes. Hasta ahorita llevo:

• El iPod superrecargado que me regalaron Los Nick. Así me mantendré en contacto contigo donde haya conexión.
• Una cobija.
• Un cojín.
• Mi colección de revistas Nick.
• Mis audífonos para escuchar a The Beatles y toda la demás música que me gusta (qué bueno que cupo casi toda).
• Una botella de agua.
• Una tele portátil.
• Todo lo que había en el cajón de las golosinas.

Mañana, antes de irnos, vamos a pedir: 27 pizzas, 16 cajas de donas y 6 litros de helado de chocolate. Espero que sean suficientes para el viaje de ida. ¿Tú qué opinas?

Le dejé una nota de despedida a Tania, a Hec, a la gran-jefa y a la gran-gran-jefa.

Estoy triste.